
¿Y es que acaso hemos olvidado como se defiende un ideal?
¿Y con el paso de los años nuestra conciencia se dejó derrotar?
¿Será que de tanto luchar nuestra fuerza se ha acabado?
Nos resignamos ya a ignorar la verdad que nos circunda gritando con desesperación
que nos urge hacer algo, pero hacerlo ya.
Duele pensar que el mañana ya no nos pinta un cielo de bellos azules y blancos
sino uno que se viste del color del postor más alto.
Duele echarle un vistazo al ayer,
para ver como nuestro pasado está lleno de guerras y llantos,
de muerte y destrucción, de madres desconsoladas y de un río de dolor.
Nos concentramos tanto en idear planes magistrales
para cambiar el futuro de nuestra nación
que se nos olvida simplemente darle una mirada a nuestro alrededor
para atender a nuestro prójimo,
para dejar de pensar únicamente en el propio bienestar,
para empezar a cambiar el mundo cambiando nosotros mismos.
La justicia y la verdad son ahora simples leyendas,
son solo asuntos de poetas que le escriben a la utopía y se entregan a la resignación.
Son solo ideas recurrentes en la mente de los jóvenes,
que por su falta de experiencia creen que tienen valor.
La justicia se ha dejado seducir
tal como lo hace una mujerzuela que solo aspira joyas que no puede comprar.
Le dio la espalda a la sangre que se derramó antes que ella naciera,
revolcándose entre las sabanas de la impunidad y la manipulación.
Y la verdad está amarrada en la esquina más oscura de algún lugar,
perdida y amordazada para que nadie la pueda escuchar.
La mentira disfrazada ha tomado sus lugares
se ha entrenado en las artes de disolver las libertades;
embriagó con su elocuencia y sus promesas
los corazones de los débiles que se conforman con la miseria.
Pobrecillas la verdad y la justicia pues hubo un tiempo en que no solo eran poesía,
en el que todos luchábamos como una sola fuerza, como una sola patria
y lo hacíamos sin escatimar esfuerzos, siempre llenos de esperanza.
Por un momento pensamos que las ganamos e incluso las firmamos hace diecisiete años en un maravilloso acuerdo reafirmando compromisos de defenderlas con ahínco,
de morir por ese sueño, para mantenerlo vivo,
para no dejarlo en el olvido.
Pero donde están ahora?
Las dejamos en un archivo?
Y solo porque no hay balas ni uniformes en nuestras calles,
solo porque a nuestros hijos no los reclutan en los parques
porque se acabó el toque de queda y las minas en la tierra,
Podemos llamarnos un país justo, un país libre, una patria sincera?
No, en mi país solo veo confusión
en un momento en que estamos a punto de tomar una decisión,
en un ambiente en el que la verdad es equivalente a lo que nos dicen en la televisión,
con sus campañas sucias en las que tratan de invadir nuestra razón.
A pesar de todo yo aun creo en mi nación,
soy fanática del sueño de un “El Salvador mejor”
porque sé que es posible, porque no tengo miedo
porque tarde o temprano todo cae por su peso.
Porque la verdad aunque sea oscurecida siempre vuelve a brillar,
el dia menos pensado, en el lugar ideal.
Y la justicia siempre triunfa,
sobre cualquier engaño, sobre todo precio
en el momento preciso, en el segundo perfecto.
(Escribí esto para participar en un concurso de una universidad de mi pais en el mes de marzo del presente año.... los resultados del concurso aun no han sido entregados.)